martes, 20 de septiembre de 2011

Pendiente de las pequeñas cosas.

Hoy iba por la calle, inmersa en mis pensamientos, cuando he visto algo que me ha devuelto a la realidad: una mujer caminaba sola, llorando en silencio. En su rostro podía verse el dolor, la angustia, la necesidad de desahogarse. Estuve el resto del camino cavilando sobre qué podía haberla hecho tanto daño como para no poder retener sus lagrimas, qué podía haberla dolido tanto como para ir por la calle así, con el corazón en la mano, mostrandole al mundo su verdadero yo, mostrando a desconocidos sus sentimientos. Se me han pasado un montón de cosas por la cabeza: la muerte de algún familiar o conocido, alguna enfermedad, una mala noticia o, quién sabe, quiza hasta un desengaño amoroso.
Finalmente he llegado a la conclusión de que nunca lo sabría, de que nunca me enteraria de que le pasaba a esa peculiar desconocida que tanto ha llamado mi atención. Y ya no solo por el hecho de que probablemente  no la vuelva a ver en mi vida, sino porque igual no lo saben ni sus mas cercanos parientes.  Puede que sea algo que ronda su cabeza y no quiere que nadie se entere. Igual simplemente necesitaba un momento de intimidad , de soledad, de desahogo, de llorar en silencio.

Después de todo puede que alguien se haya preguntado lo mismo alguna de las veces que me han visto a mi en la misma situación.

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